Blog

Catalina Mejía

Editora de Salamandra Gráfica

Editar en tiempos de Coronavirus

De un día para otro y casi sin previo aviso, nos hemos visto obligados a meternos en nuestras casas para protegernos de un virus invisible que amenaza con desestabilizar todo lo que hasta ahora conocíamos. Y a partir de este momento nos hemos tenido que reinventar. Hemos dejado atrás rutinas confortables, los gestos autómatas del día a día, esa paz de caminar sobre lo conocido, y nos hemos visto obligados a comenzar a pensar cómo será el mundo a partir de ahora.

Los primeros momentos fueron de una relativa incredulidad ante una realidad que se antojaba tan ajena como si nos estuviéramos enfrentando a una invasión extraterrestre. Pero poco a poco, esa sensación se ha convertido en algo tangible y ya no es solo una sensación sino una realidad. Ahora todo depende de nuestra responsabilidad como ciudadanos y de aprender a vivir de una manera diferente. Hemos tenido que ser creativos, en todos los sentidos de la palabra, como padres, como profesionales, como hijos, como hermanos y como ciudadanos. Hemos tenido que aprender a entretenernos y a disfrutar en el minimalismo. Ha cambiado nuestra forma de relacionarnos, nuestra forma de trabajar, nuestra forma de consumir. Pero, ¿cómo va a cambiar el oficio de editor en tiempos post-pandemia?

Mi primera reacción ante el cambio impuesto en relación a mi labor editorial fue de frustración, pues todo comenzó a las puertas de los meses mas bonitos en la vida de un editor y de un autor: los lanzamientos previos a la feria del libro, a Sant Jordi o al Salón del cómic de Barcelona. Esa adrenalina que sube cuando estas citas se acercan. Una euforia sin precedentes ligada al miedo escénico de un lanzamiento. Las reseñas y todo ese agradable ruido en los medios, las listas, las colas, los libros agotados, los más vendidos, las decepciones, el calor, el cansancio, la sombra, el sol, la lluvia, las fiestas, los vinos, los abrazos y reencuentros… Las conversaciones. Todo esto ya no fue en este 2020. Luego comencé a pensar en el futuro, en cómo sería nuestro oficio sin la invaluable conexión (física) entre quienes participamos en la industria editorial. Y me entró vértigo pensar que esto nos podía cambiar para siempre, podría enfriar una de las profesiones más cálidas que existen, donde las relaciones son fundamentales para poder ver nacer y hacer crecer un libro.

Publicado 20/09/20